Dando una vuelta por ahi, he dado con la pagina de
Habeas corpus y veo que anuncian disco nuevo, pero no veo fechas. Os dejo "el comunicado":
¡Proximamente nuevo disco!
¡Subversiones!
Algunos de nosotros nacimos coincidiendo con la acción que hizo saltar por los aires al Almirante Carrero Blanco. Justo cuando Franco, que no el Franquismo, se disponía a certificar voluntaria y formalmente su propio acta de defunción. Aun así, ni siquiera en su agonía dejó de hacer lo que mejor supo hacer durante cuatro décadas: firmar sentencias de muerte, públicas y privadas. Se despedía con el convencimiento propio y casi generalizado de que efectivamente “todo quedaba atado y bien atado”. El tiempo y quienes juegan a favor del mismo, han terminado por darle la razón. Otros lo hacíamos recién estrenada la llamada Transición Democrática. Momentos, en cualquier caso igualmente intensos. Presididos por una desmedida esperanza y una desbordante ilusión. Haría falta aun algún tiempo para definitivamente descubrir que las ilusiones, cuando desde un principio son falsas, no son más que eso y en eso se quedan. El tiempo, y nuevamente quienes juegan a favor del mismo, han terminado por darle la razón en este caso a los escépticos.
Fuimos no sólo las primeras víctimas de aquel espejismo generado por unos y barrido por otros. También fuimos el resultado de aquel “Baby-boom”, y por tanto anteriores a la generación del móvil y el portátil. Anteriores al novedoso proceso de transformación económico e ideológico que es el actual proceso de globalización. En aquellos momentos se hablaba simplemente de lo que sin embargo hoy sigue siendo: capitalismo salvaje. La todavía incipiente cuando no inimaginable era de las telecomunicaciones aun estaba por llegar y pasar a ser accesible para la mayoría. Esa parecía ser la única revolución pendiente. Así que nos conformábamos con dos únicos canales de televisión en blanco y negro. Y es que “poco color“ había en aquella época... Ahora hay mucha gama, pero “poca hostia más”. Fue así, en blanco y negro y a través de esa pantalla, sin mando a distancia, y de algunos otros pocos medios escritos y hablados, en los que el mando estaba a una prudencial distancia de todo cuanto acontecía, que tuvimos ocasionalmente conocimiento de hechos fundamentales en aquel momento. Y fue también gracias a esa pantalla que nos perdimos mil y un hechos igual de relevantes que de silenciados. Sin necesidad de hacer balance de todos ellos y sin atender a un estricto orden cronológico cabría mencionar sólo alguna referencia a los mismos. Tal vez fuese una coincidencia o tal vez la garantía de que todo cuanto surge como respuesta al Sistema o es eliminado o es integrado dentro del mismo, desvirtuándose en este último caso su contenido, su mensaje y todo su inicial potencial de cambio y transformación.
Casualidad o no, la explosión del Punk en el Reino Unido casi coincidía en el tiempo con la restauración de la Monarquía y de las libertades formales en este otro reino también unido gracias a la fuerza, que era y es España. Un largo tiempo y aun más largo empeño destinado a la amnesia colectiva, a los cambios de chaqueta y al lavado de cerebro generalizado. Un tiempo y unos hechos que son la consecuencia de una más que evidente herencia letal. Internacionalmente fue un tiempo de política de bloques. De muros que levantados, e incluso después de derribados hicieron que la vergüenza permaneciese, hasta hoy mismo. De amenaza nuclear constante que hacía manejar a la perfección la estrategia de la disuasión. De guerras de baja intensidad repartidas por todo el Globo. De dictaduras y dictablandas. De imperialismo compartido. De crisis permanente. La publicidad de las primeras asociaciones de ayuda internacional hizo que nos enterásemos de que cada dos segundos moría un niño en una parte del mundo. En el Estado fue un tiempo de silencio a pesar del mucho ruido. Y de un más que evidente continuismo a pesar del cambio de formas y de soberanías. A pesar de la incorporación de los nuevos actores sobre el mismo viejo y destartalado escenario. De modernización de lo caduco. De traición por parte de quienes por encima de todo y de todos aspiraban a convertirse en los nuevos amos, de espaldas también a todo y a todos. De una clara reinvención de la historia de este país con nuevos argumentos interesados, parciales y cómodos para los nuevos amos, empeñados (como los anteriores) en omitir cuando no negar aquellos hechos que no certificasen su propia versión. De la nunca depuración de anteriores responsabilidades civiles y militares gracias a una inexistente pero implícita ley de punto y final. De viejas y nuevas legitimidades, impuestas en cualquier caso. De adoctrinamiento, sometimiento y pleitesía a las nuevas formas. De intentos de barrer toda forma de concienciación destinada a la propia emancipación de los en un momento súbditos y en otro momento ciudadanos. Del intento certero de eliminar cualquier intento de rescatar de la historia y de la memoria experiencias revolucionarias anteriores. De una indivisible unidad territorial antes con la “España, Una, Grande y Libre” y después con la “España de las Autonomías”. De la España del Fuero “de todos los españoles” a la de la Constitución “de (también) todos los españoles”. De los amenazantes tribunales de excepción (con su particular habilidad para cambiar de nombre) de entonces y de ahora. Encargados de repartir justicia a diestro y siniestro. Contribuyendo a que todo vaya como tiene que ir. De la violencia política en sus más variadas propuestas, desde las diferentes izquierdas antisistema a la sempiterna y única ultraderecha a pesar de sus mil y una siglas, (incluido un golpe de estado y varios terrorismos de estado). De “la política del palo y la zanahoria”, mínimamente eficaz a la hora de repartir premios. Unas veces mostrando “toda la generosidad de la que es capaz” en forma de amnistías parciales, y las otras, las más, demostrando su brutalidad y lo muy capaz que es de ejercer el castigo siempre en forma de basta represión. De denuncias y motines en las cárceles por algo tan común y tan político como son la tortura y los malos tratos, claro está que negados siempre por sus mentores. De abuso y persecuciones por parte de las viejas y de las nuevas autoridades contra los más variados movimientos, de toda índole, vecinales, sociales, culturales, políticos, antimilitaristas, por su carácter crítico y disidente. Bien fuese eliminándolos por la fuerza, bien fuese asimilándolos al introducirlos y acomodarlos dentro del propio Sistema. De una educación directamente heredada de los métodos y de las verdades absolutas de otro tiempo. De manipulaciones informativas cuando se sabe que quien controla la Información controla el Poder. De la falta de oportunidades para casi todos menos para los de siempre. De la criminalización de una juventud que intencionada y estratégicamente fue primeramente incitada al consumo de heroína y de otras drogas como forma de control social, estrategia que por sus más que óptimos resultados, todavía hoy perdura. De reconversiones económicas promovidas por gobiernos de cualquier color y signo, incluidos los socialistas, y toleradas cuando no aplaudidas por unos sindicatos de todo menos de clase. Agradecidos, adormecidos e instalados en sus propias necesidades. De adaptación por parte de casi todos al nuevo credo económico. De Estado por encima de todos y de todo. Un tiempo de viejos y sin embargo nuevos frentes de lucha. Un tiempo de oídos sordo. De preguntas sin respuesta en el que la realidad hizo y aun sigue haciendo daño a según quien y a según que vista.
Nosotros, como cualquier otro, que somos la consecuencia biológica de nuestro entorno, no podíamos evitar hacer mención a todos esos acontecimientos. Basta con hacer uso de nuestra memoria para reconocerlos rápidamente porque ocurrieron delante de nosotros. Convirtiéndonos en testigos directos de cada hecho para después reconocernos en ellos. Lo que sin duda contribuyó a darnos forma, tal vez de forma inconsciente, o tal vez no. Pero hay un hecho, por así decirlo, que entonces y todavía ahora, treinta años después del “Franquismo sin Franco”, predomina por encima de los demás: la permanencia de nuestra condición crítica. Nuestra intención de querer ver más allá de lo que ven los ojos de la mayoría que no quiere ver. Nuestra intención de abrir los ojos como respuesta a la ya vieja tendencia que pretende empujarnos a la ceguera colectiva. Nuestra intención de abrirnos de oídos con la única intención de escuchar y aprender de quienes tienen algo que decirnos, y algo que enseñarnos. Nuestra intención de levantar la voz como la mejor y única alternativa frente al silencio.
Por esa razón nos venimos posicionando desde el primer día. Y lo hacemos fundamentalmente en contra de lo que hoy algunos llaman “la asimetría social”, que no es otra cosa que la desigualdad y todo lo que ello implica. Ese hecho, y la interpretación subjetiva que nos despierta hace de nosotros lo que hoy somos: personas conscientes y críticas, por ese orden. Tomar partido es para nosotros un hecho básico y tal vez por ello ineludible. Algo que a nosotros hoy nos hace posicionarnos del lado de quienes padecen sus consecuencias en su forma más negativa. Del mismo modo que otros lo hicieron con anterioridad. Mostrando su descontento a través de canciones. Haciéndolo público a través de las mismas. Manifestando primero su inquietud y después su repulsa. Incluso en ocasiones dejando entrever alguna posible solución. En este contexto se han movido siempre todas las expresiones de rechazo, de cualquier índole. La música como expresión cultural no ajena a la realidad que le rodea, y en medio de la cual surge, no puede ser indiferente. No puede o no debería renunciar a posicionarse, a tomar partido, a situarse a un lado u otro de la barricada. Esas han sido nuestras fuentes, nuestras primeras referencias musicales, y casi ideológicas. La llamada en una época canción protesta, El “Rock Combativo” como posteriormente bautizaron The Clash a uno de sus discos. El “Rock Radical” en unos sitios, el “Rock Urbano” en otros. No como una etiqueta sino como expresión más que simbólica, real, auténtica y heterogénea de un tiempo. El de entonces, que a pesar de todo lo pasado y lo presente, tanto se parece al de ahora.
Este es nuestro particular tributo (minúsculo) a una época. Como suele decirse: “no están todos los que son, pero si son todos los que están”. Nuestro propia mirada interior y retrospectiva al pasado. Esta vez la necesidad de escarbar en nuestra propia memoria es lo que nos lleva a “revisitar” aquel periodo de efervescencia musical-político/político-musical, haciéndolo de la mano de unas cuantas de esas bandas. Aquí solo hemos extraído una muestra de ese amplio tejido subversivo. Aunque sin duda fueron muchas más las que en su momento y con diferente proyección optaron por tomar partido de forma voluntaria. Con la espontaneidad que se deduce de un acto premeditado por la propia conciencia. O simplemente por pura necesidad. Como una especie de acto reflejo. ¿Porque si? no. Por algo más. Porque “algo había que hacer”. Porque a ellos su realidad les empujó a ello, igual que a nosotros hoy nos empuja la nuestra. Simplemente por todo eso terminaron haciendo de sí mismos un altavoz de las que eran sus inquietudes, sus miedos, sus demandas, sus deseos, sus ilusiones, sus esperanzas, sus denuncias, su rabia, sus sueños, sus triunfos y sobre todo sus fracasos. Los de una juventud condenada entonces y ahora a luchar.
Pero en ésta, como en cualquier otra historia, siempre hay capítulos que no por negativos han de omitirse. Aspectos igualmente reales que vienen a contradecir la tentación en que pudiésemos incurrir ofreciendo únicamente una imagen idílica de aquel tiempo. Cuanto menos encontramos un pero, un importante reproche que poderles hacer a algunas de esas personas que la escribieron. Por aquella actitud en exceso autodestructiva que contemplaron y asumieron algunos, no sabemos si con una intencionalidad apologética o simplemente propia, y que tan pésima influencia supuso para ellos mismos y para quienes desde fuera quisieron hacerla suya. Pero incluso en esos casos, y por duro que pueda parecer esto, no puede negárseles el hecho de que hasta el final fueron consecuentes y honestos, al menos consigo mismos. Lo cual no es poco. Lo cual ya es difícil ser.
Entendámoslo como un homenaje a todas ellas. Independientemente de que sus canciones hayan sido aquí seleccionadas o no, su espíritu queda recogido como algo que es común. Como algo que es, y que nos pertenece a todos. Por lo que todas estas canciones supusieron para nosotros, éste es un trabajo dotado de una absoluta carga emocional. Ojalá que ni la perspectiva del tiempo ni sus ahora intérpretes le impidan a nadie reconocerse en ellas. Gracias a sus autores originales por hacer en su día que sus canciones entrasen a formar parte de la particular y sin embargo colectiva y extensa banda sonora original de nuestras vidas. Gracias por habernos enseñando a combinar la fiesta y la lucha. Gracias por dejaros oír, por abrirnos el camino y armarnos la mente por medio de muchas de aquellas canciones. Gracias por en ocasiones y a pesar de todo servir de ejemplo. Pero gracias también por habernos hecho bailar, reír y disfrutar con esas mismas canciones. Gracias a los que están, y a los que ya no están, lo cual no impide que vayan a estar siempre.
HABEAS CORPUS. “SUBVERSIONES”. 2005.