
Cuando THQ se declaró en bancarrota el pasado mes de diciembre también anunció su venta al grupo Clearlake Capital por 60 millones de dólares. El acuerdo, que debería cerrarse en 30 días tiene que recibir la aprobación de un tribunal, cuya finalidad es sacar el máximo rendimiento a los activos de la compañía en fallida. Esta aprobación podría paralizar la venta de THQ, ya que la fiduciaria Roberta DeAngelis y un grupo de acreedores han puesto objeciones a la venta.
Según Roberta DeAngelis, el tiempo de subasta es demasiado corto (termina el 10 de enero), y los costes en caso de que Clearlake Capital no ganase la puja demasiado altos (2,25 millones de dólares). La segunda objeción viene por parte de los acreedores, cuyo problema es la gestión de THQ en el proceso de bancarrota. Según este grupo, THQ ha estructurado el proceso para seguir operativa y mantener los puestos de trabajo, sin intentar sacar el máximo beneficio a sus activos, que podrían valer más dinero si se vendiesen por separado.