En la rueda de prensa hay tres políticos: uno del PP, el presidente valenciano, Francisco Camps; otro de CiU, el conseller catalán Lluís Recoder; y otro del PSOE, el director general de Transporte del Ministerio de Fomento, Manel Villalante. Dos preguntas para Camps del periodista de Público Daniel Basteiro: una sobre la Gürtel y su candidatura, la otra sobre la salida de Cascos del PP. “Me parece muy interesante su pregunta”, responde Camps. Y a continuación se tira cinco minutos elogiando las bondades de los trenes del Corredor Mediterráneo, que era el libro del que había venido a hablar.
Hasta aquí, la chulería habitual. El molt honorable president rara vez acepta ruedas de prensa de las de verdad, de las que incluyen preguntas de los periodistas. Y, cuando lo hace, Camps no sabe o no contesta; o se cachondea de los periodistas y de los ciudadanos, como en esta ocasión.
La gran novedad llega después], cuando el diario Levante descubre que el micrófono se había quedado abierto.
Gracias a este error, podemos saber que sus dos compañeros de mesa, el del PSOE y el de CiU, no sólo no criticaron a Camps, sino que le rieron la gracia. “Has sido muy hábil”, elogió el alto cargo de Fomento. “Ha sido una pregunta de mal gusto”, sentenció el conseller catalán.
“Estos son los que me dan votos”, presumió Camps. Y con ese ji-ji y ese ja-ja, con este sonrojante compadreo entre rivales políticos, donde los periodistas somos unos maleducados por atrevernos a preguntar sobre aquello de lo que los señores no quieren hablar, no extraña que el Gobierno haya decidido incumplir su promesa de aprobar una Ley de Transparencia (una ley que, por ejemplo, obligaría a mostrar los contratos públicos que firmó el gobierno de Camps con la Gürtel). ¡Quién quiere más transparencia si aquí ya vamos sobrados!