agentejandro009 escribió:En fin menudos ladrones, gracias. Ahora resulta que no puedes hacer lo que te da la gana con un puto plastico brillante que has comprado.
No te equivoques. Tú no compras un trozo de plástico. Tú compras el derecho a disfrutar de una obra creada por otra persona. Voy a intentar dejarlo claro:
1. El compositor de una canción es el dueño de esa canción.
2. El cantante de una canción es el dueño de esa interpretación (no de la canción, salvo que sea también el compositor).
3. El cantante no puede cantar una canción sin autorización del compositor. De hecho, tiene que haber un acuerdo económico entre ambos por el cual el compositor recibe una cantidad a cambio de permitir al cantante cantar dicha canción.
4. El cantante cobra un dinero cada vez que canta la canción. Por ejemplo, un euro a cada persona que vaya al local en el que cante. Del dinero que ingresa le paga una cantidad al compositor.
5. Ahora llega la posibilidad de vender esa canción en un disco. Ambos (compositor y cantante) ceden los derechos de explotación comercial a un tercero: la discográfica. ¿Qué significa eso? Pues que autorizan a la discográfica a lanzar un disco con la canción a cambio de un porcentaje de cada unidad vendida. Esa explotación comercial también puede incluir usar la canción de otras formas (en un anuncio de coches, en una película, como tono para el móvil...)
6. Cuando tú compras un disco no compras la canción, compras el derecho a oírla... más o menos lo mismo que cuando vas a un concierto (otro tema es que los discos sean caros, los conciertos molen más o lo que sea).
Consecuencias de todo lo anterior:
1. NO ERES DUEÑO DE LA CANCIÓN (película, juego, software o lo que sea) por el hecho de comprar un disco, por lo tanto no eres dueño de los derechos mercantiles intrínsecos a la obra. Piénsalo bien, sería el negocio del siglo: compro un disco de Queen por 12 euros y me convierto en el dueño de las canciones que lleva dentro, así que puedo regalárselas a un amigo, usarlas en los partidos de la Champions o meterlas en un anuncio de Ford (podría ganar millones a cambio de 12 euros). Claro que comprar un disco no me convierte en el el dueño de las canciones, poco importa si cobro o no por hacer todo eso (regarlar copias o meterlas en los partidos de la Champions), lo importante es que haciéndolo le estoy quitando oportunidades mercantiles al dueño real de las canciones.
2. TIENES UNOS DERECHOS AL ADQUIRIR LOS DERECHOS DE USO PRIVADO. De entrada, la discográfica debería darte todas las copias que quieras y en los formatos que quieras, siempre que justifiques la petición y no esté especificado lo contrario en el contrato de usuario del disco (p.ej. compré un disco de Queen en vinilo hace 20 años y ahora quiero ese mismo disco en MP3 o en CD porque acaban de re-editarlo). Si ellos no quieren/pueden proporcionarte dicha copia, entonces puedes hacer la copia tú mismo.
Además, los derechos de uso privado serían transferibles a terceros, al menos por la vía de herencia. En otras palabras, mi nietos heredarán mis derechos de uso privado sobre mi disco de Queen comprado hace 20 años... y ellos dentro de 40 podrán pedirle al que sea entonces le titular de la obra (los herederos del autor, por ejemplo) una copia en MP25 o lo que se lleve en ese momento.
Por supuesto, además tenemos los derechos habituales en cualquier otro tipo de compra. Por ejemplo, si el producto no alcanza la calidad objetiva para ese tipo de producto entonces puede ser devuelto y han de reembolsarnos el importe de la compra. Esto sería especialmente útil en casos como la típica película en DVD con una calidad de imagen pésima por mala comprensión... o una película Bluray que realmente no sea alta definición a pesar de lo que diga la caja.
Si tuviéramos más claros nuestros derechos y realmente los hiciéramos valer seguro que las cosas cambiarían bastante. Pero, tal vez algunos prefieren que estos temas sigan muy liados... de momento unos pocos ganan un montón de dinero (canon, abogados acusadores y defensores, los que hacen las protecciones anticopia...) y muchos seguimos teniendo una cierta coartada moral para copiar o descargarnos copias porque pensamos que "ellos" roban más (y seguramente tengamos razón).