Bueno, hola a todos; no me presento porque soy un clon de un usuario activo del rincón (probablemente algunos me reconozcáis al contar esto, sobre todo porque ya algunos conocen la historia en privado).
Todo comenzó hace un par de meses, uno de aquellos días de sol en el que con mis pamplinas habituales afrontaba una mañana que se vislumbraba parecida a las anteriores. Aquel era día de consulta, por lo que, además de mis propios pacientes, había una fila de gente desconocida que esperaba su turno con el médico de turno... En un instante en que estaba menos agobiado de trabajo, entré en la sala de mi compañera, y vi una chica recostada; me acerqué a mi compañera y le comenté: "Y, ésta, ¿Quién es?". Me respondió con un encogimiento de hombros y continuó con su trabajo... pero yo no pude hacerlo tal cual, y me quedé observando sus muecas de dolor, buscando una postura que calmase aquello que llevaba ya tiempo sufriendo. No sé si fue lástima, o mi instinto protector, pero en aquel instante se me apeteció hacer mil cosas, y lo único que me salió, fue decir una pamplina, y sacarle una sonrisa.
Al llegar a casa me sentí en parte decepcionado, pero me hice a la idea de que aquel ángel, era como tantas otras, que te fascinan, pero sólo verás una vez en la vida; no anduve rápido, pero quizás no la volviese a ver jamás y quizás lo olvidaría hasta como anécdota...
Tres días después, la volví a ver, se había convertido en la paciente de mi compañera de trabajo; y, yo, me pasé varios códigos que juré para ver su dossier: "Mmm, 3 años más que yo, tampoco los aparenta; ah, y ¡Soltera!". Aquel primer día no dije nada, fue el segundo cuando por primera vez le dije como estaba, como se encontraba... Al día siguiente, la vi por el facebook, y le dije un comentario: "Mucho facebook te irá mal con tus dolores!!!"; ella se tomó con gracia el comentario, y acabamos agregándonos, y, podría decirse, que a partir de ahí comienza todo a estrecharse un poco más.
El quinto, el sexto... comenzaban ya las bromas, tales como esconderle su calzado, o hacerle cosquillas que ella respondía buscándome para "molestarme", además comenzaba a tratarla un poco como profesional, dado que esos días no tenía mucho trabajo. Días después, comentábamos por el facebook que un masaje podría venirle bien, pero tenía miedo de decírselo a la persona responsable para que no hubiese conflictos; le dije que me dejase hacer a mí... Llegué aquella mañana, delante de todo el mundo, y solté un comentario a mi compañera: "Tu paciente me ha dicho que me va a dar un beso si me dejas hacerle un masaje, ¿Puedo?". Obviamente, se lo tomó a broma y no puso objección alguna, justo lo que quería; el problema vino cuando ella me dio el beso delante de todo el mundo, y me dejó más que cortado...
Así fueron pasando más días, entre masaje, beso y molestamiento mutuo, sus dolores iban poco a poco mejorando; y le propuse algo: "Si consigo que te recuperes, me aceptas una invitación a una cena, ¿Qué te parece?." Me dijo que no podía rechazar aquello... y que aceptaba encantada. Noté como cada día era un juego, y que cuando hablábamos tan sólo decíamos pamplinas, pero aún así reíamos y nos lo pasábamos muy bien hasta que venían a por ella.
Hubo un día, en que ciertamente la cagué; no en el fondo, sino quizás en las formas; ya que, a partir del frío facebook, hablábamos de amores, y yo le insinué, y ella me dijo que yo era el tercero; y, quizás fuese la forma de decirlo, que no me sentó nada bien, comprendí, como un "ponte a la cola"; y, se lo dije, que si ella pensaba que yo quería ligar con ella, y ella no estaba interesada en mi, que no debía seguirme el juego. Me respondió que quería conocerme, que por eso había aceptado mi proposición, y que no sabía si lo que sentía era amistad o algo más (pienso que quiere decir que ella ya había pensado en ello sin estar segura de que me gustaba).
Yo estaba de acuerdo, es más, no la conocía apenas de nada, ya que en el trabajo no hablábamos más que de pamplinas, pero aún así me esperaba un cambio en su actitud, que en ese momento vi lógico, pero, sin embargo, vi que todo fue igual, tal y como si no hubiese pasado nada. "Un punto a su favor, pensé. La paciencia con un patoso es importante". Días después me mandó un mensaje su madre por el facebook, preguntándome que qué tal la veía; y yo se lo comenté a ella de antemano, y me dijo: "Sí, es que yo hablo de tí en casa, y querrá agradecerte todo"; "Ella quiere que tu me cures".- Esa afirmación me desconcertó. "Pero, ¿Yo exclusivamente, o el equipo en general?". - Y su contestación ya me dejó sin palabras... "No, tú..."
Las hojas del calendario iban pasando, hasta que tuvimos una segunda conversación, en la que dije un comentario y la noté "rara". "No te sientes cómoda, ¿verdad?".- Le pregunté. "No es eso, es que tengo miedo de perderte como amigo; como amiga soy una chica genial, pero como novia soy un demonio"... "Te has portado conmigo tan bien... Me has animado dónde mis amigos no han podido hacerlo, y me has cuidado como nadie lo había hecho... Te aprecio y no me gustaría echarlo todo a perder...".- Yo ya conocía esas palabras; demasiado conocidas, quizás... "No te preocupes por ello, si no funciona no será por tí, sino porque yo no habré conseguido hacerte feliz; será un error de los dos; y, a fin de cuentas, ésta amistad se perderá en cuanto acabes tus cuidados, tu tienes tu trabajo y yo el mío; mi vida, mis sueños... y no podré jurar que no abandonaré esta tierra que piso si otra mujer me da un beso...". Su respuesta fue "Quiero cenar contigo, quiero conocerte".
Yo ya estaba un poco con la mosca detrás de la oreja después de aquella conversación. O bien la convencí de que me diera una oportunidad; que lo dudaba; o bien sólo había hecho tiempo, porque no tenía fuerzas para decirme la verdad, que no estaba interesada en mi. La última opción, que fuese sincera, la tenía ahí, pero por mi moral negativista, la dejaba más que apartada. Siguieron pasando los días, y ella seguía absolutamente igual, aunque, quizás, a partir de ese día, teníamos algo mas de confianza entre nosotros; menos bromas y más cosas en serio, pero todo con una sonrisa. Pero, todo lo que empieza acaba, y a mi me tocaban vacaciones forzosas por fín de contrato, por lo que no estaría con ella en el final de su tratamiento...
Quise hablar con ella, saber si antes de irme, nos diríamos adios o hasta luego... Y, además, con la oreja un poco comida por mi mismo a partir de la última conversación, me sinceré, y con una sonrisa, le dije: "Si, con mi invitación lo que quieres es agradecerme los cuidados, no deberías hacerlo, porque yo, ya me siento suficientemente pagado por haberte visto cada mañana sonreír; y, me iré, tras decirte adiós, con la alegría de saber que eres feliz". Mi intención era facilitarle las cosas, en caso de que la anterior vez le hubiesen faltado las fuerzas para sincerarse, y me contestó que no le molestaba cenar conmigo, todo lo contrario, que le encantaría, y le gustaría conocerme fuera del trabajo; y, a pesar de no haberle preguntado por ello, no podía darme ni un sí ni un no: "Deja que la vida fluya, a tí te gustan las sorpresas, pues ten paciencia y ya veremos qué pasa..."
Y, casí ahí acabó todo... Quedamos una mañana en un banco, donde decirnos adiós, pero su vehículo fue bloqueado por la nieve, y llegó cuando yo ya estaba montado en el trén; le dejé una bolsa a mi compañera, con un regalo para ella... Pasé vergüenza, porque me miró y empezó a reírse, y, me imagino que ella también lo pasaría después. En la caja había una caja de chocolate artesanal recién hecho, y una bolsita con caramelos adornada con un pequeño peluche; todo firmado con una carta que ponía: "...y por supuesto que tu podrás pagar a mil hombres para que te cuiden, pero yo me siento pobre, porque jamás podré pagar la más pequeña de tus sonrisas... Gracias por ser mi rayo de sol entre los copos de nieve".
Me envió un mensaje cuando llegó, triste por no haber podido despedirse de mi; y continuamos con mensajes durante todo mi trayecto, para saber que tal iba todo, y decirme que le había encantado el regalo...
Aquella relación de trabajo, ya es un cúmulo de contactos por internet; en el que su madre me ha felicitado las fiestas, sabiendo que estaba ya lejos (por lo visto, o su madre me cotillea el facebook, o hablan bastante y de cosas que no tienen que ver con trabajo); y, aquellos días en que me iluminaba cada mañana, ahora son días de leer letras frías, bajo la máscara de una interfaz.
Pero hoy me envió una foto; y, después de aquel día hace dos meses que la vi llorar, hoy volví a recordar su preciosa sonrisa...
PD: ¿Debería tener alguna esperanza más que la de la amistad?.