Para que luego digan que no hay leyes injustas.
Capítulo cuatro: La paradoja de ser enviado a Segunda B… por una cuestión económica
El pasado mes de marzo Eibar desayunó con un anuncio/advertencia del Consejo Superior de Deportes (CSD): el equipo debe acometer antes de agosto una ampliación de capital hasta alcanzar los 2,1 millones de euros o de lo contrario será descendido a Segunda B. La noticia llegó a Eibar con el equipo líder de la Segunda División, y todavía hoy sigue a un paso de completar la hazaña. Podría, pues, darse la asombrosa situación de que un equipo humilde y saneado lograse ascender a Primera por su juego y fuera posteriormente descendido a Segunda B por un castigo económico. Mientras que otros equipos, endeudados hasta las cejas, podrían lograr sus objetivos sin molestias. Es cierto que la ley nació con buena fe, tal y como explica el propio presidente del Eibar: «La filosofía que inspiró esa legislación es la de poner orden en el fútbol e intentar solucionar la desastrosa situación económica. El problema es que, como se ve en el caso del Eibar, la ley no cumple sus efectos. No los cumple porque la cifra de capital no es el indicador clave para decir si un club está saneado o no». Alex prosigue: «Se da una gran contradicción: una norma hecha para conseguir unos objetivos consigue lo contrario: un club en una situación saneada lo somete a una enorme tensión económica. Nosotros tenemos ahora que recaudar cinco veces nuestra cifra de capital. Puede darse una paradoja enorme: que una ley para sanear la fútbol se lleve por delante al club más saneado».
Una paradoja que, por supuesto, causó incomprensión primero e indignación enseguida. «La fórmula para calcular el mínimo de capital que se exige a los clubes se lleva a cabo haciendo una media del 25% de todos los presupuestos de Primera y Segunda quitando los dos más altos y los dos más bajos, más otros factores. Pero, ¿por qué ese 25% de los presupuestos? Es irreal desde el momento en el que hay clubes que están en una situación desquiciada económicamente. ¿Por qué me tienen que aplicar a mí un porcentaje sobre una gestión mal hecha? Me obligan a parecerme a quien no me quiero parecer», explica Alex. Fran, director deportivo, prosigue. «No hay por dónde agarrarlo. Parece que el que no cumple la ley está más protegido que el que la cumple. Si alguien tiene que sentirse protegido por esta ley debería ser los que estamos saneados y legales, no al revés». Tampoco los jugadores se quedan al margen. «Te da pena que un club que es un ejemplo no tenga claro que vaya a triunfar. De pronto dependemos de conseguir un dinero. Se hacen las cosas bien, con todo lo que cuesta eso, y nos encontramos con que ahora tenemos que pedir un esfuerzo extra que no es para tapar ningún agujero o mala gestión», afirma Eneko. Y Errasti completa: «Es una vergüenza que exista esa ley. Es una vergüenza que un club ejemplar pueda ser castigado».
No hay vuelta de hoja. La ley es la ley y no admite excepciones. El Eibar emitió un recurso pero fue desestimado y desde hace semanas el club vive inmerso en una angustiosa campaña contrarreloj para alcanzar los 2,1 millones de euros que necesita. Pero, por supuesto, no vale cualquier camino para lograrlo, mucho menos el fácil. Incluso contra las cuerdas, al límite, el Eibar no renuncia a su ideario. Si muere, lo hará de pie. «La base social de club es popular», explica el presidente. «Nuestros accionistas son gente de aquí, con acciones muy repartidas. Nos gusta así, queremos que sea así porque eso hace que la gente se sienta dueña del club. No queremos que venga un millonario, ni un jeque. Pero si nos obligan a meter un montón de capital externo nos hace preguntarnos: ¿Y ahora tiene que venir un millonario a salvarnos? Lo hemos visto ya: el Sabadell cayó en manos de un empresario japonés, el Alcorcón en manos de un belga… Precisamente lo que decimos es que nosotros no queremos caer en manos de un empresario. Queremos seguir siendo un club del pueblo. De modo que aceptamos la ampliación de capital, pero no a través de un millonario, sino manteniendo la filosofía de reparto y humildad. Por eso hemos puesto un límite: nadie puede poner más de cien mil euros. No queremos hacer la ampliación que nos exigen, pero como no queda más remedio, la hacemos a nuestra manera. Con lo cual ya esto es la cuadratura del círculo», termina mientras se le escapa una sonrisa.