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Negociación colectiva 2004, la regresión de las relaciones laborales en la CAV
La negociación colectiva en 2004 está al borde de la parálisis. En realidad, el conjunto de las relaciones laborales en la CAPV se está transformando profundamente.
La situación actual se empieza a entender cuando se observa el cambio que ha experimentado el sindicato ELA desde diciembre de 2000. A partir del congreso de esa fecha, ELA abandonó el papel de sindicato institucionalista y vertebrador de las Relaciones Laborales que jugó durante más de 20 años para apostar por la confrontación y la reivindicación maximalista.
El estancamiento de la representatividad sindical en torno al 40%, el fracaso de la huelga general sobre la jornada de 35 horas y la convicción de que el sindicalismo transacional y responsable no tiene audiencia suficiente entre los nuevos trabajadores, han sido algunas de las razones de este cambio estratégico.
En realidad, de lo que se trata es de buscar nuevas fórmulas para aumentar la cuota de implantación del propio sindicato. Durante dos décadas, esas fórmulas han sido la vertebración y el acuerdo. Desde hace cuatro años, se considera que puede avanzarse más rápidamente por la vía de la confrontación.
Desde 2001, este planteamiento se ha intentado contrarrestar por el resto de los agentes económicos y sociales en el ámbito de la negociación colectiva firmando convenios de eficacia general con el resto de las fuerzas sindicales y también convenios de eficacia limitada allí donde no había otra alternativa. Pero en otros muchos casos, el maximalismo de las reivindicaciones ha hecho imposible cualquier tipo de acuerdo. Sólo en 2003, más de 137.000 trabajadores no vieron renovado su convenio por esta causa.
En 2004 se produce una suerte de combinación de factores que lo hace todo más difícil. En primer lugar, es un año de mucha negociación colectiva pues a los convenios que pierden su vigencia durante este ejercicio, se suman los que no pudieron firmarse en años precedentes. Por otra parte, el sindicalismo mayoritario mantiene su apuesta maximalista y, finalmente, la preocupante situación económica derivada de un contexto internacional incierto y de la ampliación de la UE exige contener sus costes a unas empresas que ya ofrecen al conjunto de los trabajadores vascos los salarios más altos y las jornadas más bajas de todo el Estado.
En 2004 no se produce, pues, algo que no viniera pasando antes. Simplemente, aumenta la intensidad lo que, a su vez, hace más evidente una serie de circunstancias que están alterando el escenario de las relaciones laborales en la CAPV.
Entre esas circunstancias cabe citar el que, como consecuencia natural de la estrategia de confrontación, desaparezca el diálogo entre la representación empresarial y el sindicalismo nacionalista y, por derivación, que también se resienta el diálogo institucional dado el carácter mayoritario de ELA y LAB en los órganos institucionales de encuentro. El diálogo social es fruto de un determinado papel que se asignan a sí mismos los interlocutores sociales. Si el papel es vertebrador habrá diálogo y habrá acuerdos; si el papel es, por el contrario, confrontador, no hay lugar para el diálogo. Al menos con ese sindicato, porque con los demás el diálogo se mantiene abierto.
Por otro lado, vemos cómo se ha alterado la estructura de la negociación colectiva en la que el viejo es- quema de convenios de sector sobre el que se apoyan los pactos y convenios de empresa, se difumina.
Del mismo modo, todo el conjunto de la acción sindical se introduce en una espiral reivindicativa en la que hacer planteamientos integradores se tacha de «sindicalismo de acompañamiento». Cada sindicato aumenta el listón reivindicativo y se crean instrumentos ad hoc como la caja de resistencia, no como herramienta de lucha contra la patronal, sino como instrumento para atraer a nuevos afiliados.
A su vez, la conflictividad misma cambia condicionada por los instrumentos de lucha sindical como la caja de resistencia que exigen conflictos más reducidos que no devoren rápidamente los recursos de la misma. Así, los conflictos tienden a concentrarse, sobre todo, en sectores pequeños, con pocos trabajadores, pero con gran repercusión en otros colectivos y también en empresas puntuales cuyo reflejo mediático permita proyectar magnificada una imagen de conflicto generalizado.
Desde el mundo empresarial, esta situación se ve con preocupación. Primero porque esta explosión reivindicativa además de artificial, resulta anacrónica en un entorno que cuenta con las mejores condiciones laborales de todo el Estado. En segundo lugar, porque se produce en un momento espe- cialmente delicado que exige, no estrategias de confrontación, sino, al contrario, unir esfuerzos, analizar conjunta y objetivamente la situación y pactar soluciones realistas y adaptadas a las circunstancias de hoy.
Pero el caso es que en un momento en el que la integración y cooperación entre los agentes sociales se ha convertido en un signo de identificación de los modernos sistemas de relaciones laborales, el sindicalismo autóctono emprende una especia de vuelta atrás en un escenario que recuerda extraordinariamente el de los años 70.
Lo más asombroso es que, precisamente de la mano de ELA se ha llevado en la CAPV una labor pionera en el proceso de racionalización y ordenación de las relaciones laborales. Fue aquí, donde primeramente se firmaron acuerdos en materia de conflictos laborales o prevención de riesgos; fue también en la CAPV donde primero se crearon instituciones de diálogo y encuentro como el CRL. Ahora, todo ese bagaje es «sindicalis- mo de acompañamiento» y ello, no porque así lo reclame un colectivo de trabajadores que ostenta las condiciones laborales equipara- bles a las mejores de la UE, sino porque conviene a las propias estrategias de crecimiento sindical.
Y si esta estrategia es siempre preocupante, resulta especialmente inadecuada en un momento como el actual, caracterizado por la existencia de un entorno económico que se transforma de manera continua, profunda y a menudo difícil de prever. Un momento que exige, más que nunca, aunar esfuerzos para situar a Euskadi, sus empresas y sus trabajadores allí donde queremos, allí donde sea posible seguir consolidando y fortaleciendo los niveles de desarrollo alcanzados.
Desde las organizaciones empresariales estamos plenamente dispuestos a seguir manteniendo nuestro compromiso de diálogo abierto con las centrales que apuestan por esta vía, a trabajar y apostar por las instituciones de encuentro y a cerrar cuantos convenios colectivos sectoriales puedan mejorar las condiciones laborales de los trabajadores afectados siempre que no se ponga en riesgo la competitividad de las empresas.
Sin embargo, solamente un compromiso de igual naturaleza desde el mundo sindical, y muy especialmente desde el sindicato mayoritario, nos permitirá afrontar con éxito, para hoy y para el futuro, los desafíos que tenemos planteados. No son tiempos de estrategias de crecimiento sindical, de pugnas y de cuotas de participación, sino de colaboración y de responsabilidad social.
Diskover escribió:Estoy empezando a pensar que nos estan dando bien por el culo.