Y entendemos

Aunque no fue precisamente un crimen, me sentí obligado a atentar contra mi inocencia. Me faltó valor, y como tú alguna vez perdiste, yo perdí el pulso contra la voluntad. No pude sobreponerme. El miedo y los prejucios vencieron mis escasas virtudes y vulnerables. Y ahora que de vocación soy aliado de mi conciencia, recordamos a solas lo único que podemos recordar: el pasado, y entendemos el pasado.
Y revivimos lo único que podemos revivir: experiencias.
Y entendemos.
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