Cuando nos hallamos ante un libro de ficción contemplamos el sentido del texto sin preocuparnos del valor de verdad de lo que transmite literalmente el texto, sin reflexionar sobre si los personajes y hechos narrados son reales o no; nos preocupa únicamente el significado o sentido del discurso realizado en términos de las consecuencias estéticas que fomenta la reflexión sobre dicho significado. Es decir, lo que nos preocupa es el contenido de los pensamientos, qué estamos pensando, se desvincula la emoción de la creencia en la existencia del objeto. Y todo esto vale para cualquier obra de ficción, incluyendo el cine. Aristóteles, por ejemplo, decía que la literatura no ha de ser la imitación del mundo real, sino la imitación de las acciones de los hombres.
En cierto modo, es igual a cuando nos emocionamos con nuestros propios pensamientos, cuando imaginamos algo que no sabemos que no es cierto, y sentimos a través de ese pensamiento.
Te pongo un extracto de un trabajo escrito que presenté el año pasado para una asignatura de la universidad, que creo explica correctamente lo que quiero decir:
[...]La teoría del pensamiento encaja además con la naturaleza humana que siente emociones no sólo con hechos reales que le acontecen, sino también con las ficciones, ya sean inventadas por otros o por uno mismo. Es inherente al ser humano emocionarse con el contenido de la imaginación.
Esta capacidad de emocionarse con el contenido de los pensamientos tiene una función práctica para el ser humano, ya que le permite reflexionar sobre situaciones imaginarias, sobre cómo afrontar adversidades, sobre el mejor modo de resolver ciertos problemas, ya sean realmente venideros o no. Imaginemos, por ejemplo, una película en la que los protagonistas son niños enfermos de cáncer que residen en un hospital. Ello nos llevaría a reflexionar sobre esta enfermedad, sobre cómo afrontarla desde diversos puntos de vista: el del enfermo que sufre en sus propias carnes el dolor; el del familiar, que ha de mostrar su apoyo al enfermo; el del equipo médico... Y reflexionaríamos sobre ello sintiendo emociones genuinas, entristeciéndonos, apenándonos, alegrándonos, etcétera, de manera real, hasta tal punto que hay personas que incluso lloran a causa de estas emociones generadas por una ficción.
Aún hay más, sin embargo, pues estas emociones no tienen por qué propiciar únicamente reflexiones prácticas, que tengan una función en el mundo real, antes bien, también pueden generar preguntas filosóficas, preguntas sobre la propia existencia. Siguiendo con otro ejemplo, pensemos en una película de zombies, en la que un personaje se ve obligado a matar a una persona cercana por haberse convertido en zombie. Este hecho tan repetido en este tipo de películas, puede suscitar por ejemplo la siguiente pregunta en el espectador: ¿es el cuerpo de una persona el que la define, si estamos dispuestos a acabar con él aunque aún siga en alguna forma de vida, o es más bien el pensamiento lo que define a una persona? De este modo, podemos reflexionar filosóficamente a causa de las emociones generadas por una ficción.
Esta capacidad de emocionarnos con ficciones propician reflexiones que son importantes porque son una fuente de conocimiento, nos permite aprender, aprender a reflexionar, a afrontar situaciones... Si nos fijamos en el primer ejemplo, si un familiar nuestro contrajera cáncer, tendríamos una mejor idea de cómo reaccionar ante tal situación, de cómo afrontarla, cosa que no sería así de no haber poseído la capacidad de emocionarnos con ficciones. Así pues, esta capacidad supone un proceso de aprendizaje que nos permite ampliar nuestro conocimiento.
La ficción, por tanto, no es únicamente una forma de entretenimiento, sino que permite al ser humano emocionarse de manera genuina ante situaciones imaginadas por otros o por sí mismo, y ello supone una inestimable fuente de conocimiento, de aprendizaje.
Espero que con esto haya quedado clara mi explicación.
No obstante, en ocasiones pienso como tú, que debería leer a la vez
aprovechando el tiempo, por ejemplo, leyendo historia; pero suelo desdecirme pensando que este
aprovechar el tiempo puede muy bien ser simplemente leer por placer, sin necesidad de buscar una utilidad práctica a lo que estás aprendiendo, leer por leer.
Y, por cierto, si quieres probar a leer una obra en la que no sabes dónde empieza la realidad y dónde la ficción, te recomiendo
Guerra y paz, de Tolstoi. Al menos yo tuve que buscar nombres de personajes para saber si eran reales o no.
Un saludo.