Qué gozada de juego es a veces. Iba con el Ferrari Enzo. Luchaba con uno por el puesto quinto, en Yas Marina. En las rectas el rival se iba por aceleración y velocidad. Era imposible casi seguir su rebufo, pero en curvas yo podía cerrarlas mucho y girar con mucha agilidad. Durante siete vueltas iba todo el tiempo detrás de él a un segundo o dos, en rectas se iba y en curvas me acercaba. Todo ese tiempo tenía también sus momentos de estar muy pegados, yo no adelantaba, solo metía el morro y veía sus puntos débiles. La clave era que al empezar la recta estuviera lo más cerca posible para en las curvas finales de llegada a meta, las cuatro últimas, estuviera casi encima. En la última vuelta gané esa quinta plaza. Esos minutos, no sé, tal vez 10 o 15 de carrera eran todo disfrute, concentración y sensación de que había que estudiar cada movimiento, al tiempo que corrías. Una pasada.
Al terminar me escribió felicitándome y yo le contesté en los mismos términos. La carrera más apasionante que he jugado y con mi querido Ferrari Enzo.